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Abarán

Abarán no se descubre a primera vista. Como las joyas valiosas, hay que buscarlas con afán. Pero, cuando se encuentran, merece la pena el esfuerzo.

Abarán nace entre dos recodos de un camino. Aún hoy, cuando su antigüedad ya se pierde en el tiempo, puede adivinarse cómo las primeras casas fueron escalando el cerro de la Solana entre la cuesta del Rulo y las escuelas, es decir, entre la calle Santa Teresa y la Plaza de Don Jesús García Candel. Desde el inicio del asentamiento poblacional hasta finales del siglo XX, la expansión ha sido una escalada constante. Primero, el cerro de la Solana, recorrido por el camino de la Hortichuela, hoy calle de la Artichuela. Después, en el siglo XVI, el cerro de las Eras, donde se construyó y actualmente se encuentra la iglesia de San Pablo. Luego el cerro de la Ermita, donde se había erigido un pequeño templo a San Cosme y San Damián ya en el siglo XVI, sustituido por el actual que data de 1953. Durante el siglo XIX, es el monte de la Era, la actual plaza de la Zarz uela, el entorno que se va construyendo. Luego, ya pasado medio siglo XX, serán los cabezos de la Cruz y del Cuartel de la Guardia Civil, lo s urbanizados.

Así resultará conformada una población caracterizada no sólo por estrechas y pinas cuestas, sino también por unos desniveles entre las aceras de una misma calle que condicionarán el levantamiento de la mayor parte de construcciones y el desarrollo del tránsito. Y todo, porque la parte más llana bajo el nivel de la acequia es la huerta “intocable”, por ser imprescindible medio de vida de los pobladores. Habrá que esperar hasta el último tercio del siglo XX para comenzar a construir sobre los bancales de regadío.

En ese marco espacial de difícil expansión se han asentado las generaciones a través del tiempo. Este secular asentamiento poblacional hace que las calles y las casas formen un todo.

Hay calles que por su situación atraen a los habitantes. Sobre todo a ciertas horas los hombres en Abarán tenían su espacio de reunión. Se conoce como primero de estos espacios la Plaza Vieja, después la calle Mayor –del Médico Gómez– en su cruce con Luis Carrasco. Más tarde el principio de la calle San Damián y, por último, la Era o plaza de la Zarzuela. Se produce un desplazamiento en los lugares de reunión de los hombres del pueblo en el mismo sentido que se expande el casco urbano, es decir, siempre hacia arriba. Lo mismo ocurre con los lugares de paseo, donde ya van los matrimonios y los jóvenes, simplemente a dar vueltas y vueltas. El primer lugar escogido es el Camino del Agua –calle Menéndez Pelayo–, después la Ermita, coincidiendo con los primeros años del siglo XX, más tarde la Era y, cuando el tráfico de coche s se impone, por último el paseo es la calle del Dr. Molina. Son entornos, tanto los lugares de reunión de los hombres como los paseos, que se van adaptando a las nuevas calles, a los cines y teatros, y a las tabernas y bares.

Así se conforma el Abarán que llega al siglo XXI, con parte de su huerta edificada, tratando de adaptarse a los nuevos edificios de múltiples viviendas, que transforman las calles en vías de tránsito. Transformaciones del medio que influyen en la población produciendo un cambio de hábitos que acabará con un modo de vivir relegado al recuerdo.

José David Molina Templado
Cronista Oficial de Abarán

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