Blanca
Fiestas:
6 de enero: Despedida
de ánimas (cuadrillas de animeros cantan por las calles los villancicos
del "aguilando"). Después de la misa de la tarde se hace
la despedida de ánimas en la Iglesia Parroquial.
Fiestas de primavera:
la semana siguiente a la semana santa, siendo la romería de San Roque
el viernes siguiente a Viernes Santo.
Fiestas de Agosto,
en honor a San Roque, con un encierro de toros que tiene ya más de
cien años de antigüedad.

Formando parte de la denominación Vega
Alta del Segura, y en la margen izquierda del cauce, se encuentra la villa
de Blanca, con 87'7 Km. de término municipal, una altura 233m sobre
el nivel del mar y una población de 6.719 habitantes, que se ocupan
de la agricultura ( con 724 ha de secano y 1386 ha de regadío) y de
la conserva y manufacturas para la exportación.
Los cultivos peculiares blanqueños se centran en los agrios (limón
fino) y los frutales (albaricoque búlida), además de naranja,
melocotón, pera, ciruela, manzana, cereales y almendros.
Un factor que ha cambiado sensiblemente los planteamientos agrícolas
de Blanca ha sido la realización del azud del Trasvase, que, al represar
las aguas del Tajo y las del Segura en aquella comarca, anegó unas
700 tahúllas de regadío tradicional que se asomaban al paso
excepcionales huertos de naranjos y limoneros que hubo que compensar con tierras
altas regadas con pozos, hasta alcanzar las 3.500 ha transformadas y puestas
en uso.
El término municipal tiene forma triangular en dirección suroeste-noreste,
y su relieve ofrece unas características de gran complejidad tectónica,
fruto de los cambios experimentados desde los periodos Cretáceo al
Mioceno. En su análisis podemos apreciar un valle tectónico
que recorre el río Segura, que ha ido formando a su paso una serie
de terrazas de depósitos fluviales donde los cultivadores generaron
durante siglos la hermosa y fecunda huerta tradicional.
A espaldas de la villa, la sierra del Solán (556 m.) ofrece ramblas
y cárcavas formadas por cursos de agua de origen torrencial y cíclico
(época de lluvias) con acumulaciones detríticas al pie de las
vertientes, como glacis que descienden hasta el cauce.
Al sur y al este Blanca tiene las sierras de Ricote y la del Oro, que encajonan
y prestan su peculiar paisaje al valle morisco, conseguido con tesón
y esfuerzo entre las desnudas, desérticas y acantiladas paredes del
desfiladero.
Elevándose unos 300 m. Sobre el valle, se abre una amplia depresión
predominantemente margosa, recubierta por materiales procedentes de la degradación
de los relieves próximos, siendo frecuentes los afloramientos diapíricos.
En esta zona se sitúa la rambla la rambla del Salar, cuyas aguas en
épocas de lluvias vierten en el Segura, que forma pequeños tramos
de saladares por su formación y base margosa.
Más hacia el este, la sierra de la Pila (que Blanca comparte jurisdiccionalmente
con los municipios de Abarán, Jumilla, Fortuna y Molina de Segura,
y que forma un espacio natural con indudable valor ecológico y biológico)
tiene su mayor elevación a los 1.264 m. (El Pilón) y la huella
de una potente erosión, que se aprecia en sus impresionantes farallones
dolomíticos. En su vertiente blanqueña, al mediodía,
la sierra muestra una red de barrancos que vienen a enlazar con las formaciones
aluviales de la rambla del Salar, y una serie de accidentes como taludes,
conos de deyección y cárcavas desérticas que completan
la geografía de la comarca, de clima semiárido y donde la circulación
superficial de agua está formada por el Segura, de curso perenne, y
las ramblas del Salar y San Roque, se muestran más claramente los efectos
de la erosión de los ciclos pluviales.
En Blanca el Segura se remansa y abre en el estrecho valle para introducirse
desde le azud de Ojós en el angosto desfiladero de Solvente, desde
donde saldrá de nuevo a la llanura por Archena.
Los suelos del término son serosem margosos alternando con pardocalizos
superficiales, aunque también se dan los litosuelos calcáreos
y margoyesosos, y en esta comarca aparece el matorral (romero, brezo y tomillar)
junto a la sierra de la Pila, y choperas y alamedas, cardos, hinojo y cañaverales
propios de la ribera del cauce, junto a los cultivos propiamente agrícolas
generados por el hombre.
La historia de Blanca se remonta a milenios, aunque la prueba arqueológica
la ofrecen los restos de su castillo, con materiales posiblemente aportados
en el siglo XII y el nombre de Negra como identificación de la población
que se abrigaba bajo el enorme macizo pétreo por el sol.
Lo cierto es que el valle alcanza especial relieve en el siglo XIII, ya que
en 1.228 Ibn Yusúf in Hud se rebela contra los almohades de los Peñascales
(castillo de Ricote), haciéndose fuerte en el castillo denominado Alarbona.
Negra (la posterior Blanca) se adscribe al valle morisco con cabeza en Ricote,
y sufre los avatares de los enfrentamientos entre los reyezuelos de esta fértil
y codiciada comarca.
Un cambio sustancial se va a producir en la zona cuando el rey Alfonso X el
Sabio firma en Sevilla un privilegio rodado (1.266) por el que incluye en
el término de Murcia el valle de Ricote, al que le otorga el Fuero
de la ciudad.
Sancho IV (1.285) otorga a la orden de Santiago el valle, sus alquerías,
villas y lugares, entre Negra, a la que los señores cristianos han
cambiado por Blanca.
Pero Jaime II se apodera del reino murciano y entrega la villa y su castillo
a Bernardo de Sarriá, aunque Juan López, comendador santiaguista
de Ricote, le reclama la posesión, que le es devuelta el 19 de septiembre
de 1.303 a Juan Osores, siendo la última vez que en un documento se
le llama Negra.
La labor de los santiaguistas se centró en mejorar el rendimiento de
las tierras, convirtiendo al cristianismo a los mudéjares blanqueños
y unificando las acciones productivas, bélicas, etcétera, con
el resto de las villas del valle morisco, unificado bajo la encomienda de
Ricote.
A comienzos del XVI se crea la parroquia de Blanca en 1.508, en el lugar donde
estuvo emplazada la mezquita.
El 10 de agosto de 1.591 Blanca consigue de Felipe II un privilegio de villazgo,
que lleva consigo la facultad de elegir alcaldes y personal para administrar
el Concejo. La cuestión costó a los habitantes 2.400 ducados.
A partir de ese momento comienza a destacarse Blanca en el contexto de los
pueblos asomados al Segura. A comienzos del XVI tiene casi un millar de habitantes,
pero poco tiempo después (1.613) el edicto de Felipe III para expulsar
a los moriscos españoles deja casi arruinada la agricultura blanqueña
por el forzado éxodo de sus habitantes: 2.500 personas en total de
las seis villas del valle de Ricote.
Blanca reduce sus vecinos a 80, aumentando lentamente sus habitantes hasta
alcanzar los 173 vecinos (1.713); en 1.755 alcanza los 263 vecinos, y el Censo
de Floridablanca
(1.786) facilita el dato demográfico de 1.378 habitantes.
Durante el siglo XIX se sufre en todo el reino el azote de la fiebre amarilla,
y Blanca acoge al Cabildo y Coro de la catedral de Murcia, que en el verano
de1.813 acuden huyendo del ambiente capitalino. El 19 de febrero de 1.819
Fernando VII confirma el privilegio de villa que le otorgará el rey
Felipe II. En el Concordato entre la Santa Sede y el Gobierno español
de 1.851 Blanca queda libre de la orden santiaguista y del señorío
de los infantes de la Casa Real.
El siglo XX es ya de estabilización y desarrollo, mediante el esfuerzo
compartido de los blanqueños, que, fieles a su tradicional espíritu
liberal, trabajan para su futuro.
Entre los monumentos histórico-artísticos, dejando aparte el
castillo fortaleza, en estado de franca ruina, pero que todavía eleva
sus torreones hacia lo alto, hay que reseñar la iglesia parroquial
de San Juan Evangelista, construida en el siglo XVI, aunque la impronta que
conocemos obedece a las reformas u remodelaciones del siglo XVI, de estilo
barroco, con planta rectangular y tres naves cubiertas con bóveda.
Los soportes son pilares cuadrados, y sobre el crucero cúpula de media
naranja.
Unas pinturas contemporáneas representan simbólicamente la Asunción
de la Virgen.
En la fachada, portada de sillería con la Cruz de Santiago en la clave
de la puerta. A la derecha de la fachada, la torre de tres cuerpos y remate
piramidal a manera de capitel, con adornos geométricos.
Entre sus obras escultóricas destaca un Cristo atado a la columna,
atribuido a Roque López y que recuerda al de Jumilla, original de Salzillo.
La patrona, Virgen de la Soledad, es imagen de vestir realizada por Sánchez
Lozano, inspirada en reproducciones de la primitiva, en la línea de
Salzillo.
La plaza que preside la iglesia tiene edificios del barroco murciano adornados
con rejería de forja: en esta misma zona y calles anejas existen edificios
que conservan el escudo de la nobleza de sus fundadores (Casa del Torreón,
Conde de Treno).
Junto a la Nacional 301 se sitúa la ermita del patrón, San Roque,
barroca del XVIII con nave única, bóveda de cañón
y cúpula semiesférica, de estilo popular campero.
Entre las fiestas blanqueñas alcanzan categoría de interés
especial las de San Roque, que tienen como actos esenciales la romería
a su ermita en el campo, y las corridas de vaquillas en el pueblo, a modo
de peculiares sanfermines.
La romería tiene lugar el domingo siguiente al de Resurrección
y se completa con actos religiosos y profanos (bailes, degustaciones gastronómicas,
carrozas etcétera) alrededor de la figura del Santo llevada por los
sanroqueros devotos.
Los sanfermines tienen lugar en agosto, y las vaquillas que integran el lote
de la lidia en la plaza descienden desde las calles altas, entre el jolgorio
y emoción de propios y visitantes. Las proximidades de la reserva forestal
del monte Navela facilitan excursiones de quienes comparten alegremente jornadas
festivas, animadas por la hospitalidad blanqueña, generosa en afectos
y atenciones


