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Por toda la Región de Murcia existen escasas muestras
de la supervivencia de la artesanía más ancestral, como
es trabajar el esparto. Aún podemos encontrar una fábrica
de bonitas alfombras y esteras de esparto en Blanca, en pleno corazón
del Valle de Ricote, tradición que, de la mano de Antonia Molina
Pérez y su hijo José Javier Blanco, de momento, se niega
a desaparecer. Se trata de uno de los últimos reductos de esta
manufactura en toda España. 
El origen viene de muy lejos, se remonta a la primera mitad del siglo
XIX, cuando Rafael Molina Cano funda un gran complejo industrial en su
pueblo natal, Blanca, llamado "Industrias San Rafael", formado
por fábricas de telares de hilo y algodón, hielo, cerrajería,
puntas metálicas, la primera fábrica eléctrica instalada
en la Región de Murcia y, como es natural, fábricas de picar
esparto e hilado y fabricación de alfombras. Emplazado en el margen
izquierdo del río Segura, quedando como vestigios la central de
energía eléctrica y la llave del portón de la iglesia
de San Juan Evangelista, de Blanca.
En 1919, su hijo, Generoso Molina Fernández, hereda esta industria,
centrándose en el esparto, con fábricas dedicadas al machacado
del mismo, hilados y fabricación de alfombras.
En aquella época, el esparto goza a uno e sus mejores momentos.
Antiguamente esta empresa con los hilos de esparto hacía otros
trabajos, como bolsos rústicos de distintos tamaños, asientos
de sillas huertanas, taburetes tipo "pub". La época de
mayor apogeo fue a partir de la posguerra, entre los años 40-60,
cuando las alfombras tienen mucha demanda y se exporta a toda Europa,
principalmente a los Países Bajos. La fábrica daba trabajo
directo a 300 empleados, frente a los 9 trabajado- res que tiene en la
actualidad. 
Después, al fallecer Generoso Molina, en 1953, a los 63 años
de edad, su hija Antonia Molina Pérez continúa la labor
de su progenitor.
A partir de los años 60, el negocio empieza su período de
decadencia, cuando España se hace industrial y se importan alfombras
de fibras vegetales, procedentes de Asia, Taiwan, China..., tres o cuatro
veces más económicas.
Pasa el tiempo y la fábrica se ve salpicada por la crisis económica
de 1973, y en el año 1979 tiene que cerrar, aunque siguen vendiendo
sus stocks. Más tarde, en 1983, la suerte parece sonreírles
y superan con esfuerzo la situación, reanudando su labor.
Las actividades de esta empresa, hoy en día, se centran sólo
en la fabricación artesanal de alfombras de esparto, hoja de maíz
y sisal. Además de estores de pleita, salvamanteles, posavasos
y manteles individuales. Las alfombras están hechas de esparto
machacado y azufrado, con una textura diferente a la del esparto natural,
que cobra un especial encanto. Antonia Molina ha aportado creatividad
y buen gusto a sus producciones con la novedad del color: rosas, azules,
turquesas y amarillos, que prestan a las alfombras más tradicionales
un alegre y renovado aspecto.
Dentro del marco del mercado actual, ahora se trabaja directamente por
encargo. José Javier Blanco asegura que "la gama de colores
es muy variada, de 18 tonos, y un mismo modelo, según la combinación
de colorido, medidas, formas, etc., hace posible infinidad de creaciones".
El resultado son alfombras de alegres colores, con todas sus formas, pero
con vestido nuevo; como cada cliente elige su colorido, cada pieza es
diferente; basta con poner en funcionamiento la imaginación para
encontrar muchas combinaciones. Éstas se pueden adquirir, aparte
de por encargo, en tiendas de decoración de toda España
y en los Centros de Artesanía de Murcia, Lorca y Cartagena. 
Entre los encargos más curiosos que han recibido figura el de una
señora que quería una alfombra totalmente blanca, porque
decía que tenía toda la casa bi8nca, incluido el mobiliario.
"En el mundo de la decoración, siempre te encuentras con alguna
excentricidad", asegura la propietaria de la fábrica. En otra
ocasión se realizó una bella alfombra con la representación
del escudo nacional antiguo para una exposición en Zaragoza. A
pesar de la complejidad y dificultades en su realización, el resultado
fue espectacular.
Antonia Molina considera que para aprender este oficio artesano, de gran
arraigo y de tanta tradición en Murcia, hay que tener mucha destreza
manual, y ésta sólo se adquiere con la práctica:
El proceso de fabricación de alfombras, es totalmente artesanal,
desde la recogida del esparto a mano hasta el pelado de la alfombra, que
es la última fase de elaboración. Pero el futuro del esparto
está en entredicho. "Hoy -añade Antonia- es muy difícil
encontrar, primero, quien arranque el esparto en el monte; segundo, quien
haga la trenza, que sólo lo hacen los mayores, y simplemente por
matar el aburrimiento, y, por último, cuesta encontrar quien cosa
las alfombras, ya que los jóvenes prefieren ir a la huerta 0 a
los almacenes de fruta, ya que el aprendizaje del cosido es complicado."
Sin embargo, es uno de los oficios más antiguos de la Región,
que ha sobrevivido a lo largo del tiempo. Según José Javier
Blanco es un trabajo laborioso debido a la dificultad de combinar los
ramales e ir añadiendo nuevas tiras. "En función del
número de trenzas que lleva el tejido del trabajo -añade-,
se distingue la "trenza", que es una malla de tres ramales,
o la "pleita", que tiene 15 ramales y que puede llegar hasta
los 25. La pleita se trabaja para hacer estores de ventanas 0 puertas.

Con una remota tradición en tierras murcianas, la producción
de esteras y alfombras está en vías de extinción.
Asegura Antonia Molina: "No creo que continuemos la tradición
del esparto; considero muy difícil, por no decir imposible, la
supervivencia de esta manufactura, pero tal vez hagamos otra cosa para
continuar la tradición empresarial de la familia".
Sus preciosas alfombras y rústicos estores de pleita han contribuido
a transformar y mejorar la decoración de conocidos restaurantes
típicos de la Región, cortijos, chalés... y, en general,
de cualquier entorno.
Esta empresa artesana ha recibido importantes premios en distintos certámenes
y exposiciones a nivel nacional, obteniendo el primero de ellos en Valladolid,
en octubre de 1934, donde en el "V Congreso Nacional de Riegos"
(exposición añeja) fue galardonada con medalla de plata.
En la "I Exposición Internacional de Artesanía",
celebrada en 1953, obtuvo medalla de plata.
Para Antonia Molina "tener ilusión, sacrificio y suerte"
son las principales claves del éxito para que una empresa alcance
los cien 0 más años de vida. La honestidad y el esfuerzo
ante la lucha diaria han sido las señas de identidad de esta emprendedora
familia.
(1) Así lo asegura el genial escritor Juan Valera,
en 1876-"en casi todas las casas exceptuando las residencias de los grandes-
no habla más Que sillas de Vitora v esteras de esparto".
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